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El optimismo alimenta el desarrollo en los niños

Posted by Colegio Amado Nervo 07 Apr 2017

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Al contrario de lo que muchos creen, el pesimismo no es ver las cosas de la peor manera posible, y el optimismo no es verlas de la mejor manera posible. Psicólogos se han dedicado a estudiar el tema y han establecido que ambos términos, aplicados a la conducta, describen la manera en la que pensamos acerca de las causas de adversidad, son estilos de explicativos.


Un estilo de explicativo se refiere a la manera en la que nos explicamos lo que nos sucede, ya sea bueno o malo. Puede ser que adjudiquemos nuestros éxitos o fracasos a situaciones externas a nosotros, o que creamos que toda la situación tiene raíz en nosotros mismos.

Pesimismo

El pesimismo es la tendencia a pensar en las “causas de adversidad” de un modo en que nos sentimos impotentes. Un estilo explicativo que, en este caso, describe la tendencia de atribuir las cosas a fuerzas internas (es mi culpa), universales (esto afecta ¡todo!), e inmutables (no hay nada que pueda cambiarlo).

Numerosos estudios demuestran que ver las cosas de esa manera nos pone en una desventaja extrema ante las situaciones, pues adjudicamos el fracaso a nuestra falta de habilidades y esto puede llegar a prevenirnos de prepararnos para eventos futuros por la creencia de que no somos suficientemente buenos.

Los niños con este estilo explicativo piensan que el haber reprobado un examen o que les hubieran metido demasiados goles en el partido de futbol se debe a que son “malos” o que “no saben” o no son lo suficientemente inteligentes. Esto tiene consecuencias negativas como la falta de involucramiento y autoestima, y, sobre todo, ellos sienten que no tienen control sobre lo que les sucede.

Optimismo

El optimismo en cambio, explica las causas de adversidad como situaciones externas (no fue mi culpa), inestables (no siempre es de esta manera), y específicas (esto afecta un área en específico). Las personas positivas no se culpan a sí mismas por lo que les sucede, creen en el cambio y que las experiencias negativas fueron particulares, derivadas de un evento específico y no de todo lo que los rodea.

Los niños con este estilo explicativo el reprobar un examen tienen pensamientos como: “tal vez no estudié lo suficiente, me irá mejor la próxima vez”, “fue un examen muy difícil, no lo esperaba así” o “el equipo contrario tiene mucho talento y preparación, deberíamos de practicar más para poder vencerlos”.

La diferencia entre un niño con un estilo explicativo pesimista y uno optimista es que el primero destinará sus energías y su razonamiento a encontrar motivos dentro de sí mismo para explicar el por qué no se dieron las cosas, lo que hará más probable que no las logre. El segundo, destinará esta energía en mejorar.

Hay muchos estudios y psicólogos que argumentan que esta manera de ver la vida puede ser aprendida, enseñando a las personas a reaccionar de manera más positiva ante eventos de estrés, de mantenerse optimistas en el día a día, y que, con el tiempo, este estilo explicativo quedará marcado en sus conexiones cerebrales.


Está claro que el optimismo alimenta el desarrollo en los niños, en general favorece a todas las personas de todas las edades, pero como es muy bien sabido, todo es más fácil de aprender cuando se es niño, proveer de una herramienta y visión tan beneficial a un niño, no solo alimenta su desarrollo, sino que los lleva a trabajar para ser mejores y tendrá un impacto infinito en su vida.

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